Mi hijo me llamó inútil así que al otro día decidí cambiar las cerraduras.

Mi hijo me llamó inútil así que al otro día decidí cambiar las cerraduras.

—¿Cómo pudiste? —gritó el menor.
—Dedicándoles toda mi vida, y recibiendo insultos a cambio —respondí.

Dejé las llaves sobre la mesa, junto al sobre vacío, y añadí:

—Prefiero dormir bajo un árbol que vivir en un lugar donde ya no se me respeta.

Ezoic

Tomé mi sombrero, abrí la puerta y salí sin mirar atrás.

Ese día terminó una historia… y empezó otra.


¿Qué aprendemos de esta historia?

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