La independencia no depende de la edad, sino de recordar el propio valor. A veces cedemos el control de nuestra vida por confianza o por miedo a estar solos. Sin embargo, siempre llega un momento en el que debemos recuperar lo que nos pertenece. El respeto comienza cuando dejamos de aceptar humillaciones disfrazadas de ayuda. Y la verdadera tranquilidad aparece cuando volvemos a caminar con dignidad y con nuestro propio nombre.
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