Lucía ha estado usando la mía toda la semana, no preguntó nada. La verdad es un poco triste, dijo Sofía con un tono que no era de compasión, sino de lástima. Solo quiere sentirse útil. Mi pecho se sintió apretado, no de forma alarmante, sino pesada, como una presión creciendo bajo el suelo. Me quedé inmóvil con el celular aún encendido en la encimera atrapando cada palabra. Otra pausa. Luego la voz de Lucía más baja. Esta vez va a morir pensando que en verdad la queríamos.
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