A la 1:45, en la marina de Cancún, la música del yate se apagó de golpe. Un grupo de autoridades portuarias, acompañados por abogados locales y elementos de la Marina Nacional, abordaron la embarcación.
—Esta propiedad ha sido embargada por ejecución de deuda —anunció un oficial por un megáfono—. Todos los presentes tienen 3 minutos para desalojar.
Diego, furioso y humillado frente a sus invitados, intentó sacar su tarjeta de crédito negra para sobornar a los oficiales. La terminal la rechazó. Intentó con 3 tarjetas más. Todas bloqueadas. Su celular de pronto perdió la señal. Cuando intentó subir a su auto deportivo en el estacionamiento de la marina, una grúa ya lo estaba enganchando.
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