En la segunda parte de la frase, Einstein toca otro punto esencial: la discreción material.
El sabio no habla de su dinero, no por miedo o ego, sino porque entiende que la riqueza atrae interés, no afecto.
En un mundo donde el valor de una persona suele medirse por lo que posee, Einstein recordaba:
“No todo lo que cuenta puede ser contado. Y no todo lo que puede ser contado cuenta.”
El dinero revela poder, pero también despierta juicio y codicia. Guardar silencio es una forma de protección.
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