Einstein sabía que la verdadera sabiduría no consiste en decirlo todo, sino en saber cuándo y a quién hablar. Por eso afirmaba:
“Deja de contarle a la gente más de lo que necesita saber.”
En tiempos donde la exposición es constante, estas palabras son un recordatorio de que quien domina su lengua, domina su vida.
Un hombre sabio no revela cada pensamiento o emoción porque entiende que no todos sabrán valorarlo o manejarlo. Hay verdades que solo florecen en el silencio.
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