Ese día…
mi nuera dejó los platos en la mesa.
—Luego los lavas —me dijo sin mirarme.
Mi hijo…
ni siquiera levantó la vista del teléfono.
Y mi nieto…
me llamó:
—¡Abuela, ven! Quiero jugo.
Me quedé de pie en la cocina.
Con las manos mojadas.
Y el corazón…
vacío.
Leave a Comment