Lloró como la niña de 10 años que era, no como el pequeño robot que Valeria había intentado crear. Abuela,” susurró Diego, y por primera vez no había hostilidad en su voz. “Papá sabe.” “No, mi amor. Tu papá no sabe nada. ¿Se lo vas a decir? Voy a hacer algo mejor. Voy a asegurarme de que ustedes estén bien, de que su papá esté bien y de que su mamá, bueno, que su mamá reciba exactamente lo que se merece.” Esa noche, después de acostar a los niños y por primera vez ninguno protestó, llamé a Roberto.
Hola, mamá. ¿Cómo están los niños? Valeria me dijo que te ofreciste a cuidarlos. Me ofrecí. La mentirosa había tergiversado todo. Están bien, hijo. Oye, ¿podrías venir mañana después del trabajo? ¿Hay algo de la casa que necesito discutir contigo? Es urgente. Es que Valeria me pidió que no la molestara en su viaje de trabajo. Es sobre una gotera en el techo. Podría afectar la estructura. No era mentira del todo. Había una gotera, pero no en el techo. Está bien, mamá.
Llego como a las 7. Colgué y miré el calendario. Faltaban 12 días para que Valeria regresara. 12 días para desmantelar 10 años de mentiras. manipulación y abuso psicológico. Pero ahora tenía algo que no tenía antes, tres niños que empezaban a ver la verdad. Y la verdad, como dice el dicho, siempre sale a la luz. Mañana vendría la psicóloga. Roberto vería las pruebas y el castillo de naipes que Valeria había construido empezaría a derrumbarse. La guerra apenas comenzaba, pero por primera vez en años yo tenía todas las armas para ganarla.
El tercer día comenzó con una explosión literal. Mateo había encontrado los cohetes que guardaba para año nuevo y decidió encender uno dentro de la casa. A las 5 de la mañana, abuela, se está quemando la casa! Gritó Sofía. Corrí con el extintor que gracias a Dios siempre tengo en la cocina. El cohete había chamuscado la cortina del comedor y llenado todo de humo. Mateo estaba parado en medio del caos riéndose. Es divertido como en YouTube. Divertido. Pudiste quemar la casa, Mateo.
Leave a Comment