La retina, especialmente la mácula, necesita protección constante. Con la edad y la exposición prolongada a pantallas, luces artificiales y rayos solares, las células oculares sufren un desgaste silencioso. La luteína y la zeaxantina se acumulan precisamente en esa zona del ojo y funcionan como antioxidantes naturales.
En palabras simples, ayudan a neutralizar los radicales libres que pueden afectar la visión. Esto se traduce en un menor riesgo de desarrollar problemas como la degeneración macular relacionada con la edad, una de las principales causas de pérdida visual en adultos mayores.
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