Historia: Dijeron: Eres muy vieja para viajar con nosotros, abuela — solo cuida la casa.
En Florencia conoció a Rosalie, una viuda francesa de espíritu agudo y mirada sin filtros. Se convirtieron en compañeras de ruta. Juntas recorrieron mercados, museos y ciudades. En Lisboa, cuando Rosalie enfermó, Helen la cuidó. Pero no como antes, desde el deber, sino desde el deseo genuino de estar presente.
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