FINGIÓ ESTAR EN COMA — PERO LA CÁMARA REVELÓ LO QUE LA MADRASTRA LE HACÍA AL HEREDERO…
El Dr. Ramírez dice que probablemente nunca vas a despertar — continuó Isabela, ahora caminando hacia la ventana —. Pero incluso si lo haces, el daño cerebral va a ser tan severo que vas a ser un vegetal de todas formas. No vas a poder hablar, no vas a poder caminar, no vas a poder alimentarte solo.
Se giró, mirando directamente al cuerpo inmóvil de Diego.
— Y yo voy a estar allí, la esposa fiel, cuidándote, alimentándote con cuchara, limpiando tu saliva… mientras gasto cada peso de tu fortuna en lo que yo quiera.
Perfecto, realmente. Porque vivo o muerto… ya perdiste.
La puerta se abrió.
Isabela cambió su expresión instantáneamente. De depredadora a esposa preocupada en menos de un segundo.
Era la enfermera de turno, Gloria, una mujer de cincuenta y tantos años que había sido particularmente amable con Isabela.
— ¿Cómo está, señora Navarro?
— Igual — respondió Isabela, con la voz temblando perfectamente, sin cambios —. Los doctores dicen que tal vez nunca…
No terminó la frase, solo dejó que las lágrimas cayeran.
Gloria puso una mano en su hombro.
— Tenga fe, los milagros pasan.
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