Las cejas enmarcan el rostro, y por eso influyen muchísimo en la expresión. Cuando están demasiado marcadas, muy oscuras o dibujadas con trazos rígidos, pueden endurecer las facciones.
Un acabado artificial suele sumar severidad y restar frescura. En cambio, unas cejas ligeramente definidas, en un tono armónico con el cabello y la piel, suavizan el rostro y aportan equilibrio.
La elegancia no necesita dureza para transmitir presencia. Muchas veces, un acabado más natural resulta mucho más favorecedor.
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