Yo miré a Alejandro esperando, aunque fuera, un mínimo reflejo de decencia.
Pero no. Se dobló ante Valeria. Con miedo.
—Mamá, no te metas. Si esto se sabe, las acciones bajan…
Ahí sentí la náusea de una verdad dura:
A mi hijo le importaban más los negocios que la vida de un hombre… aunque ese hombre se estuviera muriendo a sus pies.
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