Don Esteban terminó detenido incluso en la cama del hospital.
Valeria y Alejandro esposados.
El “imperio” se volvió vergüenza pública.
Días después, en el reclusorio, Alejandro lloró, suplicó, quiso que yo pagara la fianza.
Y yo tomé la decisión más difícil:
Le pagaría un abogado decente… pero no lo sacaría con dinero.
Porque si lo salvaba otra vez, nunca iba a aprender.
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