A diferencia de otras aves monitoreadas, cuyos recorridos solían ser relativamente previsibles, esta águila demostró una capacidad de exploración excepcional. Año tras año repetía ciertas rutas, pero siempre incorporaba variaciones que mantenían en vilo a los investigadores. Sus vuelos la llevaron a cruzar montañas, desiertos, ríos extensos y zonas costeras, conectando territorios que para los humanos suelen parecer lejanos entre sí.
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