El problema surge cuando esa sensibilidad no es comprendida. En lugar de ser acompañada, muchas veces es minimizada. Así, lo que podría ser una fortaleza se transforma en malestar. No es extraño que personas de esta generación experimenten ansiedad sin causa aparente, sensación de no pertenecer, vacío emocional incluso cuando “todo parece estar bien”, o crisis de identidad ligadas a la falta de propósito. No siempre se trata de un problema externo, sino de una desconexión interna.
Leave a Comment