Otro punto delicado de esta visión es aceptar que no todo lo que se percibe se siente “bonito”. Se habla de energías densas, entidades que se alimentan del miedo o del desgaste emocional, o “ambientes cargados”.
No se plantea para vivir asustado, sino para entender un principio simple: si tu energía está baja, eres más vulnerable. Estrés crónico, tristeza profunda, hábitos destructivos, consumo excesivo de alcohol, falta de sueño… todo eso puede dejarte “abierto”.
La propuesta no es paranoia: es higiene emocional y energética.
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