Mi esposo empacaba emocionado: hostales baratos, habitaciones compartidas, mochilas y mapas. Yo empacaba trajes elegantes, vestidos profesionales. Mi propio uniforme de batalla.
El día de su vuelo, esperé dos horas… y tomé un taxi al mismo aeropuerto. Viajábamos al mismo continente, pero a mundos completamente distintos.
Leave a Comment