Su teléfono sonó. Era su madre. Me pasó el celular.
—Espero que no seas egoísta —me dijo—. Es solo un viaje. Ustedes tendrán toda la vida juntos. Además, puedes venir a mi casa mientras él no está.
Colgué sin discutir. Sonreí. Le dije a mi esposo que estaba de acuerdo. Lo abracé… pero por dentro algo se rompió en silencio.
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