Al día siguiente, el manager de Juan Gabriel cumplió cada promesa. Las deudas médicas de la esposa de don Salvador fueron pagadas completamente. Se estableció un fondo para cubrir todas sus medicinas futuras. La pensión mensual comenzó inmediatamente y Juan Gabriel visitó personalmente la casa de don Salvador en una colonia humilde de Guadalajara, donde conoció a su esposa, a sus hijos, a sus nietos y vio el lugar vacío en la pared de la sala donde el póster había colgado durante 20 años.
“Voy a enmarcar algo mejor para ese espacio”, prometió Juan Gabriel. Y una semana después llegó un paquete grande. Dentro había un póster nuevo, más grande, más moderno, con una foto reciente de Juan Gabriel y una dedicatoria que decía para don Salvador y su familia con gratitud eterna por una noche bajo la lluvia que cambió mi vida. Juan Gabriel, 1995. Pero también incluía el póster original de 1975, ahora con un segundo marco protector, con una placa que explicaba la historia de esa noche.
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