La historia se volvió legendaria. Se cuenta en Guadalajara, se comparte en programas de radio. Se usa como ejemplo de karma, de bondad que regresa, de cómo pequeños actos de humanidad pueden tener impactos que resuenan durante décadas. Don Salvador vivió otros 8 años después de ese encuentro. Y durante ese tiempo nunca tuvo que preocuparse por dinero para medicinas. Juan Gabriel se aseguró de eso y cuando don Salvador murió en 2003, Juan Gabriel asistió al funeral, donde habló sobre el taxista que le enseñó que la verdadera grandeza no está en la fama, sino en la bondad con extraños bajo la lluvia.
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