El anciano, que se llamaba don Salvador Méndez, recordaba esa noche con claridad perfecta a pesar de los 20 años transcurridos. El muchacho me dijo que acababa de terminar una entrevista de radio, que estaba tratando de promocionar su nuevo disco, pero que nadie lo conocía todavía. me dijo que se llamaba Juan Gabriel y que algún día sería famoso. Yo le sonreí porque todos los jóvenes que subían a mi taxi tenían sueños grandes y la verdad no pensé mucho en ello.
Juan Gabriel escuchaba sin revelar aún su identidad, completamente absorto en esta historia que él también recordaba, pero desde otra perspectiva. Pero entonces pasó algo, continuó don Salvador. A mitad del camino, el motor de mi taxi empezó a fallar. Comenzó a hacer un ruido extraño y tuve que detenerme. Era las 2:30 de la madrugada lloviendo en una calle vacía. Le dije al muchacho que lo sentía mucho, que tendría que llamar a otro taxi, pero él se bajó del auto y me preguntó si podía ayudar.
Don Salvador se rió suavemente al recordar. Yo le dije que a menos que supiera de mecánica, no había mucho que hacer y él me dijo, “No sé nada de mecánica, pero puedo quedarme haciéndole compañía mientras llega la ayuda. No está bien que se quede solo en la lluvia.” y se quedó ahí bajo la lluvia conmigo durante casi una hora hasta que llegó la grúa. Juan Gabriel sentía las lágrimas empezando a formarse en sus ojos detrás de los lentes que había vuelto a ponerse.
Él recordaba esa noche. Recordaba al taxista mayor que había sido tan amable con él cuando aún era un desconocido. Recordaba cómo habían conversado durante esa hora bajo la lluvia, cómo don Salvador le había contado sobre su familia. sobre sus sueños de ahorrar suficiente dinero para comprar su propio taxi en lugar de rentar uno. Cuando finalmente llegó la grúa y me remolcaron a un taller”, continuó don Salvador, “El insistió en pagarme el doble de lo que marcaba el taxímetro.
Leave a Comment