—Entonces me voy.
Salieron sin mirar atrás.
La puerta se cerró con un golpe seco.
Y con ella, se cerró también una vida de privilegios.
EL EXILIO
Durante años, Julián y Rosa vivieron en un cuarto rentado en Iztapalapa.
Él trabajaba como ayudante en obras, cargando sacos de cemento.
Ella limpiaba casas ajenas, esta vez sin uniforme de la familia Alvarado.
Había noches sin cena.
Había días sin esperanza.
—¿Te arrepientes? —le preguntó Rosa una noche, con lágrimas silenciosas.
Julián negó con la cabeza.
Leave a Comment