No era un engaño reciente.
No era una aventura pasajera.
Andrés mantenía una relación paralela desde hacía tiempo. Mensajes, fotos, promesas. Conversaciones donde hablaba de una vida futura que no incluía a Valeria… pero sí incluía su dinero.
Más doloroso aún fue descubrir que Andrés había consultado abogados, había hablado de bienes, de porcentajes, de “asegurarse” una parte del patrimonio si las cosas salían mal.
No había culpa.
No había arrepentimiento.
Solo cálculo.
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