Uno de los puntos más repetidos por quienes regresan de la muerte clínica es este:
el amor no desaparece con el cuerpo.
El amor no es solo una reacción química; es un estado de conciencia. Por eso, los vínculos no se rompen. Se transforman. Nuestros seres queridos no interfieren ni controlan, pero acompañan, sostienen e inspiran desde otro nivel de existencia.
Muchas personas sienten esa presencia en momentos de calma, en sueños profundos o en estados de silencio interior. No es imaginación: es una forma distinta de percepción.
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