No solo el horario influye, sino también la temperatura del agua. Tanto el agua muy fría como el agua excesivamente caliente representan un riesgo. El frío extremo obliga al cuerpo a reaccionar de manera abrupta, mientras que el calor intenso favorece una vasodilatación rápida, lo que puede causar una baja repentina de la presión arterial. Este fenómeno es especialmente delicado en personas con antecedentes de hipertensión, problemas cardíacos o fragilidad en la circulación, situaciones frecuentes después de los 70 años.
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