Esta es la verdad más incómoda:
Las personas con auténtico respeto propio rara vez viven rodeadas de irrespeto constante.
No porque no existan personas irrespetuosas, sino porque no se quedan donde eso ocurre. No justifican, no esperan años a que alguien cambie, no hacen sacrificios permanentes de su dignidad.
Si repites el mismo patrón una y otra vez, vale la pena preguntarte:
¿Por qué sigo ahí?
¿Qué miedo, dependencia o esperanza me mantiene en ese lugar?
Responder con honestidad puede ser doloroso, pero también liberador.
Leave a Comment