A esta edad, muchas personas comienzan a experimentar pérdidas en su entorno: amigos, vecinos o incluso familiares.
El círculo social se reduce, y con ello aparece la sensación de soledad. Este cambio no solo afecta el estado emocional, sino también la salud física.
La falta de interacción humana puede impactar directamente en el cerebro y en el sistema inmunológico.
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