Seguimos observándolo sin atrevernos a tocarlo. Laura comenzó a preocuparse por posibles toxinas, bacterias o daños ocultos en las paredes. Yo intenté tranquilizarla, aunque por dentro me sentía igual de intranquilo.
El verdadero problema no era aquella masa extraña. Era no saber qué era.
La mente humana tiene una costumbre curiosa: cuando no encuentra respuestas, inventa escenarios peores. Y eso fue exactamente lo que nos ocurrió.
Cada minuto sin explicación hacía que el baño pareciera menos familiar y más amenazante.
Leave a Comment