También están los cambios temporales, como los que ocurren después de haber cargado objetos pesados o haber pasado varias horas de pie. En esos momentos, la circulación trabaja más y algunas venas podrían notarse más que de costumbre. Generalmente, cuando descansas o elevas las piernas, vuelven a su apariencia normal.
Pero, ¿qué pasa si las venas marcadas no se deben a ejercicio, al calor o a algo puntual? Aquí es donde vale la pena prestar un poquito más de atención. No para alarmarse, sino para entender mejor lo que podría estar ocurriendo.

Una causa frecuente es la pérdida de grasa corporal. Si últimamente has bajado de peso —ya sea por dieta, ejercicio o cambios en tus hábitos— es completamente normal que las venas se vean más. La grasa funciona como una especie de capa que “cubre” las venas; cuando esa capa se reduce, las venas quedan más expuestas. Este fenómeno se nota mucho en personas que están trabajando en tonificar su cuerpo o que están en un proceso de cambio físico.
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