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La vida con la abuela era pequeña y ajetreada.
Trabajaba por las mañanas en la lavandería. Las noches limpiando oficinas. Los fines de semana remendando jeans en la mesa de la cocina mientras yo hacía los deberes.
Sus chaquetas tejidas brillaban en los codos. Las suelas de sus zapatos eran más cinta aislante que goma. En el supermercado, le daba la vuelta a cada etiqueta de precio y a veces devolvía las cosas a su sitio con un suspiro.
Pero mis excursiones siempre estaban cubiertas.
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