“No sintieron nada”.
Cuando “me quedé huérfana”.
Era un día lluvioso. Los adultos hablaban en voz baja. Una trabajadora social me dijo que había habido “un grave accidente de automóvil”.
“Al instante”, dijo. “No sintieron nada”.
Recuerdo que me quedé mirando las manchas de la alfombra en vez de su cara.
Entonces entró la abuela.
Su casa parecía de otro planeta.
Minúscula. Moño gris. Abrigo marrón que olía a aire frío y jabón de lavandería. Se arrodilló para que estuviéramos a la misma altura.
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