Uno de los grandes errores es pensar que, al llegar a la vejez, la vida ya no tiene misión. Pero la Biblia enseña lo contrario.
Moisés fue llamado por Dios a una edad avanzada. Caleb, siendo mayor, todavía tenía fuerzas para conquistar. Ana, una viuda anciana, permanecía en oración y fue testigo de la llegada de Jesús al templo.
El Salmo 92:14 dice que aun en la vejez los justos darán fruto. Esto significa que una persona mayor todavía puede bendecir, aconsejar, orar, enseñar, consolar y dejar un legado espiritual.
Quizás el cuerpo ya no tenga la misma energía, pero el espíritu puede estar más fuerte que nunca.
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