Las intolerancias alimentarias también juegan un papel clave. Sustancias como la lactosa, la fructosa o el gluten pueden resultar difíciles de procesar para algunas personas. Cuando el organismo no logra digerir correctamente estos componentes, estos llegan al intestino donde son fermentados por bacterias, generando gas en exceso. Muchas veces, estas intolerancias pasan desapercibidas durante años, confundiendo los síntomas con problemas menores.
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