No es que yo no quiera a la familia de mi nuera. No se trata de rechazo ni de desprecio. Es simplemente una cuestión de sentido común. Treinta personas implican ruido, gastos, desgaste, falta de privacidad. Implican que alguien siempre esté incómodo. Y ese alguien, claramente, sería yo, en mi propia casa.
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