Entonces llegó la aclaración. No eran pocos. Eran alrededor de 30 familiares. Treinta. Personas que yo apenas conocía, algunas ni siquiera de vista, planeando quedarse en una casa que no fue pensada para convertirse en un hotel familiar ni en un centro vacacional improvisado. En ese momento sentí una mezcla de sorpresa, incomodidad y, para ser sincero, molestia.
Leave a Comment