La casa no era enorme, pero sí acogedora. Tenía lo justo y necesario: varias habitaciones, una terraza con vista al mar y una cocina amplia para compartir comidas sin prisas. Desde el primer momento pensé en mis hijos, en mis nietos, en reuniones pequeñas, íntimas, donde lo importante fuera la convivencia y no la cantidad de gente. Sin embargo, jamás imaginé que esta compra desataría uno de los momentos más tensos que he vivido con mi propio hijo.

Leave a Comment