Con el paso de los días, empecé a preguntarme si había hecho lo correcto. No voy a mentir: hubo momentos de duda. Nadie quiere quedar como el “malo” de la historia, y menos frente a sus propios hijos. Pero cada vez que imaginaba la casa llena, el ruido constante, la falta de espacio y de descanso, entendía que ceder habría sido traicionarme a mí mismo.
Leave a Comment