Cuando una conducta deja de funcionar, suele intensificarse antes de desaparecer.
Puede haber más enojo, más presión, incluso amenazas emocionales.
Este es el punto decisivo.
Si cedes, confirmas que solo necesita presionar más fuerte.
Si te mantienes firme, enseñas una nueva realidad.
Es recomendable escribir un compromiso personal:
“Me comprometo a respetarme, incluso cuando mi hijo no lo haga. Mi valor no depende de su aprobación.”
Leerlo cada día fortalece la coherencia.
Leave a Comment