Otro error frecuente es automedicarse. Muchos lo hacen porque están acostumbrados a ciertos medicamentos o porque les da pereza ir al médico. Pero la automedicación en la tercera edad puede tener consecuencias fatales. Una pastilla aparentemente inofensiva puede interactuar con otros medicamentos, alterar la presión, afectar el corazón o dañar los riñones. A esta edad, cualquier fármaco debe ser supervisado. No vale la pena arriesgarse.
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