Desde tiempos antiguos, los santos entendían que todo lo creado habla. El cielo, los animales, el viento… todo puede convertirse en un mensaje cuando el corazón está dispuesto a escuchar.
Jesús mismo utilizó ejemplos de la naturaleza para enseñar: las aves del cielo, el cordero, la paloma. No es casualidad. La creación no es muda, pero el ser humano moderno ha olvidado cómo interpretarla.
También es importante comprender algo fundamental: no se trata de atribuir poder a los animales, sino de reconocer que Dios puede utilizarlos como instrumentos para transmitir paz, consuelo o guía en momentos clave.
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