Te despiertas, te sientas al borde de la cama y, antes de dar el primer paso, ahí está otra vez:
ese mareo suave pero molesto, como si el piso fuese de goma o la cabeza no terminara de encajar con el cuerpo.

No es un vértigo que hace girar la habitación.
Es algo más sutil, más traicionero: cabeza pesada, pasos inseguros, sensación de “andar flotando”.
A muchos les dicen: “Es normal, es la edad”.
Pero como geriatra, yo, el Dr. Luis Luna, he visto demasiados pacientes mejorar como para aceptar esa frase como destino.
El mareo y la cabeza pesada no son parte obligatoria del envejecimiento.
En la mayoría de los casos están relacionados con hábitos diarios que parecen inofensivos, pero que desajustan el equilibrio, la circulación y la forma en que el cerebro interpreta el movimiento.
Piensa en tu equilibrio como una orquesta: hidratación, respiración, oído interno, presión arterial, músculos del cuello…
Si uno desafina, el conjunto pierde armonía y el mareo aparece.
Vamos a revisar, uno por uno, los 7 errores más frecuentes que veo en consulta y cómo corregirlos con cambios simples pero poderosos.
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