Él bajó la mirada.
Las maletas seguían en la sala, pero ahora parecían más pesadas que antes.
—Yo pensé… —intentó decir.
—Pensaste que podías volver y tomar lo que no te pertenece —respondí sin dureza, pero con firmeza—. Pensaste que el tiempo no tenía consecuencias.
Se hizo un silencio largo.
Martín apretó el contrato en su mano… y lo dejó caer.
Leave a Comment