Lo primero que hay que reconocer es que la mayoría de los infartos dan señales previas. Puede ser una presión en el pecho que va y viene, un dolor que se irradia al brazo izquierdo o a la mandíbula, dificultad para respirar, mareos, náuseas o incluso un sudor frío repentino. Tu cuerpo te avisa, pero muchas veces no lo escuchamos porque estamos ocupados, distraídos o simplemente porque no creemos que nos pueda pasar.
Si estás solo y empiezan estos síntomas, lo peor que puedes hacer es ignorarlos. Tu instinto podría decirte: “Déjame sentarme un rato, quizá se me pasa”. Pero los infartos no funcionan así. Si algo se siente mal, muy mal, es por una razón.
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