Muchas personas creen que un infarto siempre llega como en las películas: un dolor desgarrador, la mano en el pecho y la persona cayendo al suelo. Pero en la vida real es distinto. A veces empieza con una molestia leve, una presión rara o incluso un cansancio extraño que no encaja con tu día. Y si estás solo, es fácil restarle importancia… hasta que la situación se complica.
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