Aana la miraba como si fuera un milagro, algo precioso que había llegado a su vida cuando más lo necesitaba. Esto es peligroso susurró ella, aunque no se apartó de sus brazos. Si el pueblo sospecha, si alguien ve, el amor verdadero siempre es peligroso”, respondió él, acariciando su mejilla con una ternura que la hizo derretirse. Pero vivir sin él es más peligroso todavía.
He estado muriendo lentamente desde que perdí mi libertad, pero contigo, contigo he comenzado a vivir otra vez. Los días siguientes fueron un baile delicado entre la discreción necesaria y el amor creciente que amenazaba con consumirlos. Durante el día mantenían las apariencias cuando había visitantes o cuando salían al pueblo para comprar provisiones.
Pero por las tardes, cuando estaban solos en la casa, se permitían momentos de intimidad que iban mucho más allá de lo físico. Aana le contaba historias de su tribu, de la libertad de correr sin límites por las montañas, de ceremonias bajo las estrellas donde los espíritus hablaban directamente al corazón de su pueblo.
Paloma compartía sus propios sueños rotos. sus años de sentirse invisible, la soledad que había carcomido su alma hasta casi destruirla. En mi tribu hay una ceremonia para las mujeres que han perdido su conexión con la madre tierra. Le confió a una noche mientras contemplaban las estrellas desde el pequeño patio. Se llama El despertar de la luna.
Las curanderas preparan medicinas especiales y la mujer pasa tres noches en ayuno y oración pidiendo que su fertilidad regrese. Pero la parte más importante sucede cuando encuentra al hombre cuyo espíritu puede despertar el suyo. Paloma se acurrucó más cerca de él, sintiendo el calor de su cuerpo como una promesa de vida nueva.
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