Una profunda cortada en el hombro izquierdo se había infectado durante el viaje y tenía moretones que sugerían que la captura había sido cualquier cosa menos pacífica. Cuando Paloma se ofreció a curarlo, él la miró con desconfianza. “¿Por qué quieres sanar a alguien que tu gente considera un enemigo?”, preguntó mientras ella preparaba agua caliente y vendas limpias.
“Porque el sufrimiento es sufrimiento, sin importar quién lo experimente”, respondió ella sin pensar. “¿Y por qué?” Porque ayudar a sanar es lo único que sé hacer bien. Aana se quedó inmóvil mientras ella limpiaba cuidadosamente la herida infectada. Sus manos eran suaves pero seguras y trabajaba con una concentración que habló de años de experiencia. Cuando aplicó una pomada que había hecho con hierbas locales, él hizo una observación que la sorprendió.
Esa mezcla está bien, pero le falta la corteza del sauce blanco para el dolor y raíz de Consuelda para acelerar la curación, comentó observando su trabajo. ¿Dónde aprendiste medicina herbal? Paloma levantó la vista sorprendida. Mi abuela me enseñó algunos remedios básicos, pero la mayoría lo aprendí de libros.
¿Cómo sabes tú sobre hierbas medicinales? Por primera vez, algo parecido a una sonrisa cruzó el rostro de Ayana. En mi tribu, los guerreros aprenden a sanar tanto como a luchar. Un hombre que puede salvar vidas es tan valioso como uno que puede tomarlas. Tu abuela era sabia para enseñarte, aunque los libros de los blancos solo cuentan la mitad de la historia.
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