Pero su mirada… su mirada ya no era la misma.
Los días pasaron, y la duda se convirtió en ansiedad.
Hasta que ocurrió.
Una tarde, Javier llegó a casa, dejó su teléfono en la mesa y fue directamente a la ducha. Algo que no hacía desde hacía semanas. María estaba en la cocina, pero no pudo evitar mirar el móvil.
No quería hacerlo.
Pero lo hizo.
La pantalla se encendió.
Un mensaje.
Solo una frase… pero suficiente para destruir todo:
“Te extraño… anoche fue increíble ❤️”
El corazón de María se detuvo por un segundo.
Sus manos empezaron a temblar. Sintió un vacío en el pecho, como si todo lo que conocía se estuviera derrumbando en ese instante.
No gritó.
No lloró.
No dijo nada.
Leave a Comment