Clara salió al patio al escuchar nuestras voces.
—¿Qué está pasando?
Lo miré a él y levanté apenas la voz.
—Pregúntale quién soy.
Clara frunció el ceño.
Ernesto cerró los ojos.
—Clara…
—Soy su esposa —dije con calma—. La esposa legal. Llevamos más de cuarenta años casados. El hombre que tú conoces como Javier no existe.
El silencio fue insoportable.
Clara retrocedió como si le hubieran arrancado el piso.
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