Nadie sabía que estaba durmiendo en el almacén de la empresa para evitar pagar el transporte… Entonces el millonario se enteró y…

Nadie sabía que estaba durmiendo en el almacén de la empresa para evitar pagar el transporte… Entonces el millonario se enteró y…

Nadie sabía que estaba durmiendo en el almacén de la empresa para evitar pagar el transporte… Entonces el millonario se enteró y…

A las cuatro y media de la mañana, cuando la ciudad todavía respiraba en silencio y el depósito parecía un monstruo dormido de concreto y metal, Camila Reyes abrió los ojos sobresaltada.

Había escuchado algo que no debía existir a esa hora.

El chirrido pesado de la puerta principal. Luego pasos.

Se incorporó de golpe entre los estantes de la sección de productos descontinuados, su escondite de las últimas tres semanas. El corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza que por un instante pensó que quien venía podría oírlo. A su lado estaba la mochila pequeña donde guardaba todo lo que tenía: dos cambios de ropa, un jabón barato, un cepillo, una libreta vieja y una foto arrugada de su padre. La cobija con la que se tapaba no era una cobija, sino un uniforme gastado que había encontrado en la bodega de ropa defectuosa.

Todavía faltaba más de una hora para que llegara el primer turno.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top